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Ivana Lombroni, info@diariolaflecha.org artículo 5 de 8
 
  CARRERA… ¿QUÉ HAY EN JUEGO?  
  "De chico siempre me gustó dibujar casas, así que voy a ser arquitecto. No, mejor ya que mi viejo es doctor voy a seguir sus pasos y usar el consultorio... Aunque la verdad querría ser maestro porque me copa enseñar, pero un sueldo tan bajo me saca las ganas. Y bueno, de última pruebo con comunicación porque siempre me fue bien en las Sociales y no tiene ninguna materia con números..."

HAY QUE RECONOCER que estos tipos de “orientación vocacional” son usados con mucha frecuencia por los estudiantes.
Pero ¿tiene esto algo que ver con la verdadera vocación?.
La vocación es una inclinación a trabajar, a dedicar la propia vida a algo puntual que plenifica y realiza a la persona. Cuando uno desarrolla su vocación pone toda la pasión, la fuerza y el cuidado en la carrera que está estudiando, ya que será la profesión a la que uno se dedique durante toda la vida. Sucede algo muy distinto si, por otro motivo, estudiamos cualquier cosa.
En el siglo XII, estudiar una carrera universitaria, era una aventura . Sólo existían dos grandes ramas, la de la teología y la de las artes liberales. En la UBA, hoy por hoy, existen 90 carreras que van desde abogacía, pasando por óptico técnico, floricultura hasta bachiller universitario en Ciencias de la Atmósfera.
Según una encuesta realizada en 1998 a 1000 jóvenes con los estudios terminados, sólo el 33% pudo finalmente llegar a satisfacer su vocación. El restante 67% no lo consiguió. Es cierto que la crisis social y económica que estamos viviendo no colabora con el desarrollo de la vocación.Pero también una de las principales razones de este resultado es la forma de elegir criterios a la hora de seleccionar la carrera.
Para un 83% el argumento fundamental es tener mejores oportunidades laborales. El 69% afirma que el éxito que uno pueda tener en su trabajo depende de una buena formación profesional y un alto porcentaje asegura que con una sólida formación podrá ganar más plata. Se dice que las opciones son muchas, pero la mayoría de los estudiantes prioriza el criterio económico, por lo que las expectativas quedan reducidas a la posible rentabilidad de un título.
La paradoja de todo este asunto se encuentra en el hecho de que teniendo la posibilidad de elegir entre muchísimas carreras, las elecciones, en la mayoría de los casos, siguen siendo erróneas. Basarse en el dinero como criterio para la elección es una equivocación. Por lo tanto, siempre que se lo use los resultados no serán los que hagan feliz a la persona. Es válido pensar de qué voy a vivir cuando me reciba, porque es una mentira suponer que lo voy a hacer del aire. Pero no justifica supeditar la profesión de toda la vida a lo que voy a ganar.
Se supone que vamos a trabajar hasta los 65 años. Sacando un promedio, si trabajamos desde los 24, alrededor de 10 horas diarias, dedicamos, aproximadamente, 13 años completos a nuestra profesión. 113880 horas de nuestra vida no es tiempo que perder. Y digo nuestra vida, mi vida, tu vida. Vale. Elijamos de verdad, sin pensar en lo que dice papá, la publicidad o el mercado. Elegir significa jugarse. Hagámoslo con libertad sin dejarnos esclavizar por el dinero. ¿No valdrá la pena?«

 
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LF02 pág. 08, 2002.
 
 

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