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CARRERA… ¿QUÉ
HAY EN JUEGO? |
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"De
chico siempre me gustó dibujar casas,
así que voy a ser arquitecto. No, mejor
ya que mi viejo es doctor voy a seguir sus
pasos y usar el consultorio... Aunque la verdad
querría ser maestro porque me copa
enseñar, pero un sueldo tan bajo me
saca las ganas. Y bueno, de última
pruebo con comunicación porque siempre
me fue bien en las Sociales y no tiene ninguna
materia con números..."
HAY QUE RECONOCER que estos tipos de “orientación
vocacional” son usados con mucha frecuencia
por los estudiantes.
Pero ¿tiene esto algo que ver con la
verdadera vocación?.
La vocación es una inclinación
a trabajar, a dedicar la propia vida a algo
puntual que plenifica y realiza a la persona.
Cuando uno desarrolla su vocación pone
toda la pasión, la fuerza y el cuidado
en la carrera que está estudiando,
ya que será la profesión a la
que uno se dedique durante toda la vida. Sucede
algo muy distinto si, por otro motivo, estudiamos
cualquier cosa.
En el siglo XII, estudiar una carrera universitaria,
era una aventura . Sólo existían
dos grandes ramas, la de la teología
y la de las artes liberales. En la UBA, hoy
por hoy, existen 90 carreras que van desde
abogacía, pasando por óptico
técnico, floricultura hasta bachiller
universitario en Ciencias de la Atmósfera.
Según una encuesta realizada en 1998
a 1000 jóvenes con los estudios terminados,
sólo el 33% pudo finalmente llegar
a satisfacer su vocación. El restante
67% no lo consiguió. Es cierto que
la crisis social y económica que estamos
viviendo no colabora con el desarrollo de
la vocación.Pero también una
de las principales razones de este resultado
es la forma de elegir criterios a la hora
de seleccionar la carrera.
Para un 83% el argumento fundamental es tener
mejores oportunidades laborales. El 69% afirma
que el éxito que uno pueda tener en
su trabajo depende de una buena formación
profesional y un alto porcentaje asegura que
con una sólida formación podrá
ganar más plata. Se dice que las opciones
son muchas, pero la mayoría de los
estudiantes prioriza el criterio económico,
por lo que las expectativas quedan reducidas
a la posible rentabilidad de un título.
La paradoja de todo este asunto se encuentra
en el hecho de que teniendo la posibilidad
de elegir entre muchísimas carreras,
las elecciones, en la mayoría de los
casos, siguen siendo erróneas. Basarse
en el dinero como criterio para la elección
es una equivocación. Por lo tanto,
siempre que se lo use los resultados no serán
los que hagan feliz a la persona. Es válido
pensar de qué voy a vivir cuando me
reciba, porque es una mentira suponer que
lo voy a hacer del aire. Pero no justifica
supeditar la profesión de toda la vida
a lo que voy a ganar.
Se supone que vamos a trabajar hasta los 65
años. Sacando un promedio, si trabajamos
desde los 24, alrededor de 10 horas diarias,
dedicamos, aproximadamente, 13 años
completos a nuestra profesión. 113880
horas de nuestra vida no es tiempo que perder.
Y digo nuestra vida, mi vida, tu vida. Vale.
Elijamos de verdad, sin pensar en lo que dice
papá, la publicidad o el mercado. Elegir
significa jugarse. Hagámoslo con libertad
sin dejarnos esclavizar por el dinero. ¿No
valdrá la pena?«
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| LF02 pág. 08,
2002. |
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