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en este lado del mundo empezaron a aparecer
imágenes del otro lado, de los hombres
que visten turbantes, que creen en Alá,
que tienen otras costumbres. Entonces muchos
opinaban: “Porque los orientales esto,
los occidentales aquello”. Pero…¿qué
es oriente? ¿qué es occidente?.
A PARTIR DE LOS ATENTADOS ocurridos el 11
de septiembre pasado, mucho se ha dicho acerca
de Oriente y Occidente, del “choque
de civilizaciones”, de “la guerra
de los dos mundos”, de la cultural occidental
vs. la cultura oriental. La contraposición
simplista Oriente / Occidente estuvo presente
en muchos medios de difusión y en boca
de muchos de nosotros.
Instantáneamente, en este lado del
mundo empezaron a aparecer imágenes
del otro lado, de los hombres que visten turbantes,
que creen en Alá, que tienen otras
costumbres. Entonces muchos opinaban: “Porque
los orientales esto, o los occidentales aquello”.
Pero... ¿QUÉ ES ORIENTE?, ¿QUÉ
ES OCCIDENTE?
Para dispersar un poco nuestra des-orientación,
o el no-conocimiento de Oriente, veamos algunos
datos: Oriente no es sólo Afganistán.
Algunos de los primeros historiadores y geógrafos
modernos, tendían a dividir el Oriente
en tres regiones: Cercano Oriente (aplicado
a la región más cercana a Europa)
extendido desde el Mar Mediterráneo
al Golfo Pérsico; Medio Oriente, desde
el Golfo hasta el Sudeste de Asia; y Lejano
Oriente, conformado por las regiones en cara
al Océano Pacífico. Poco antes
de la Segunda Guerra Mundial y durante su
transcurso, Medio Oriente se fue redefiniendo
y pasó a comprender los territorios
de Turquía, Chipre, Siria, Líbano,
Irak, Irán, Israel, Jordania, Egipto,
Sudán. Libia, Arabia Saudita, Kuwait,
Yemen, Oman, Bahraim, Qatar y los Emiratos
Árabes Unidos. Por su cercanía
geográfica y sus permanentes contactos,
también Afganistán y Pakistán
se cuentan, en muchos casos, dentro de esta
región.
Por su parte, el Lejano Oriente abarca la
región de Indochina, a Malasia, China
y Japón.
Tampoco todo Oriente es el Islam y, menos
aún, los talibán. El judaísmo,
el cristianismo, el hinduismo y elementos
místicos como el budismo, el taoísmo,
el confucianismo, el shintoismo, los cultos
africanos y el zen son algunas de las prácticas
espirituales que están presentes.
Los idiomas no se reducen al árabe.
Pushtu, persa, turco, hebreo, urdu, chino,
japonés y coreano son algunas de las
lenguas oficiales. A éstas, se le suman
sus variantes dialécticas y, como si
fuera poco, los centenares de lenguas que
hablan los grupos etno-culturales que hay
dentro de cada estado, los cuales son muy
numerosos.
Las diferencias dentro del propio Oriente
también son claras en otros aspectos.
Políticamente, China es una república
de modelo socialista, la monarquía
absolutista parlamentaria de Japón
está encabezada desde 1989 por el emperador
Akihito y en Sudán, el régimen
militar presenta al general Omar Bashir como
Jefe de Estado. Por su parte, Irán
y Siria son repúblicas presidencialistas.
En cuanto a la educación universitaria,
mientras que en Japón un 43% de la
población accede a la universidad,
en Irak lo hace un 11%, en China un 6% y en
Afganistán sólo un 2%. ¿Qué
pasa si incluímos en las comparaciones
a los países occidentales? No siempre
todo lo bueno está de un sólo
lado.
Algunas estadísticas de Occidente:
mientras que en Alemania hay un maestro cada
17 alumnos, en Brasil uno cada 23 y en Guatemala
uno cada 38. En cuanto a Oriente, mientras
que en Kuwait el número de alumnos
por maestro es de 14, en China son 24 y en
la India 64.
Mientras que en Argentina habitan 13,2 personas
por kilómetro cuadrado; en Arabia Saudita
lo hacen 47, en Corea del Sur 469,4 y en Cuba
1206,5 personas.
Tal vez nosotros estemos más acostumbrados
–si se quiere- a lo homogéneo,
porque somos parte de un continente en el
cual los idiomas que se hablan son básicamente
tres y tanto las religiones como los regímenes
políticos de casi todos los países
no varían demasiado. Tal vez de ahí
provenga la tendencia que a veces tenemos
a meter a todos “en una misma bolsa”,
o a quedarnos en simples contraposiciones.
Muchas veces se generaliza sin conocer. O
peor aún: creyendo conocer. Y esto
suele ocurrir no sólo en esta cuestión
de Oriente y Occidente, sino en muchos otros
aspectos... La proyección de cualquier
tipo de ideas sobre el otro, la mala interpretación
de los pocos datos que se tienen y, en ocasiones,
ridiculizar o despreciar al que es distinto
se da simplemente por el hecho de no conocerlo.
Es real que geográficamente Oriente
y Occidente existen. Pero más allá
de este criterio, si la división fuera
según otros parámetros, como
el económico y otros ya nombrados,
es probable que el mapa tuviese que redibujarse
y la simple contraposición, repensarse.«
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| LF01 pág. 08,
2001. |
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