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Valeria Vincent, info@diariolaflecha.org artículo 5 de 6
 
  Desorientados  
  … en este lado del mundo empezaron a aparecer imágenes del otro lado, de los hombres que visten turbantes, que creen en Alá, que tienen otras costumbres. Entonces muchos opinaban: “Porque los orientales esto, los occidentales aquello”. Pero…¿qué es oriente? ¿qué es occidente?.

A PARTIR DE LOS ATENTADOS ocurridos el 11 de septiembre pasado, mucho se ha dicho acerca de Oriente y Occidente, del “choque de civilizaciones”, de “la guerra de los dos mundos”, de la cultural occidental vs. la cultura oriental. La contraposición simplista Oriente / Occidente estuvo presente en muchos medios de difusión y en boca de muchos de nosotros.
Instantáneamente, en este lado del mundo empezaron a aparecer imágenes del otro lado, de los hombres que visten turbantes, que creen en Alá, que tienen otras costumbres. Entonces muchos opinaban: “Porque los orientales esto, o los occidentales aquello”. Pero... ¿QUÉ ES ORIENTE?, ¿QUÉ ES OCCIDENTE?
Para dispersar un poco nuestra des-orientación, o el no-conocimiento de Oriente, veamos algunos datos: Oriente no es sólo Afganistán. Algunos de los primeros historiadores y geógrafos modernos, tendían a dividir el Oriente en tres regiones: Cercano Oriente (aplicado a la región más cercana a Europa) extendido desde el Mar Mediterráneo al Golfo Pérsico; Medio Oriente, desde el Golfo hasta el Sudeste de Asia; y Lejano Oriente, conformado por las regiones en cara al Océano Pacífico. Poco antes de la Segunda Guerra Mundial y durante su transcurso, Medio Oriente se fue redefiniendo y pasó a comprender los territorios de Turquía, Chipre, Siria, Líbano, Irak, Irán, Israel, Jordania, Egipto, Sudán. Libia, Arabia Saudita, Kuwait, Yemen, Oman, Bahraim, Qatar y los Emiratos Árabes Unidos. Por su cercanía geográfica y sus permanentes contactos, también Afganistán y Pakistán se cuentan, en muchos casos, dentro de esta región.
Por su parte, el Lejano Oriente abarca la región de Indochina, a Malasia, China y Japón.
Tampoco todo Oriente es el Islam y, menos aún, los talibán. El judaísmo, el cristianismo, el hinduismo y elementos místicos como el budismo, el taoísmo, el confucianismo, el shintoismo, los cultos africanos y el zen son algunas de las prácticas espirituales que están presentes.
Los idiomas no se reducen al árabe. Pushtu, persa, turco, hebreo, urdu, chino, japonés y coreano son algunas de las lenguas oficiales. A éstas, se le suman sus variantes dialécticas y, como si fuera poco, los centenares de lenguas que hablan los grupos etno-culturales que hay dentro de cada estado, los cuales son muy numerosos.
Las diferencias dentro del propio Oriente también son claras en otros aspectos.
Políticamente, China es una república de modelo socialista, la monarquía absolutista parlamentaria de Japón está encabezada desde 1989 por el emperador Akihito y en Sudán, el régimen militar presenta al general Omar Bashir como Jefe de Estado. Por su parte, Irán y Siria son repúblicas presidencialistas.
En cuanto a la educación universitaria, mientras que en Japón un 43% de la población accede a la universidad, en Irak lo hace un 11%, en China un 6% y en Afganistán sólo un 2%.
¿Qué pasa si incluímos en las comparaciones a los países occidentales? No siempre todo lo bueno está de un sólo lado.
Algunas estadísticas de Occidente: mientras que en Alemania hay un maestro cada 17 alumnos, en Brasil uno cada 23 y en Guatemala uno cada 38. En cuanto a Oriente, mientras que en Kuwait el número de alumnos por maestro es de 14, en China son 24 y en la India 64.
Mientras que en Argentina habitan 13,2 personas por kilómetro cuadrado; en Arabia Saudita lo hacen 47, en Corea del Sur 469,4 y en Cuba 1206,5 personas.
Tal vez nosotros estemos más acostumbrados –si se quiere- a lo homogéneo, porque somos parte de un continente en el cual los idiomas que se hablan son básicamente tres y tanto las religiones como los regímenes políticos de casi todos los países no varían demasiado. Tal vez de ahí provenga la tendencia que a veces tenemos a meter a todos “en una misma bolsa”, o a quedarnos en simples contraposiciones.
Muchas veces se generaliza sin conocer. O peor aún: creyendo conocer. Y esto suele ocurrir no sólo en esta cuestión de Oriente y Occidente, sino en muchos otros aspectos... La proyección de cualquier tipo de ideas sobre el otro, la mala interpretación de los pocos datos que se tienen y, en ocasiones, ridiculizar o despreciar al que es distinto se da simplemente por el hecho de no conocerlo.
Es real que geográficamente Oriente y Occidente existen. Pero más allá de este criterio, si la división fuera según otros parámetros, como el económico y otros ya nombrados, es probable que el mapa tuviese que redibujarse y la simple contraposición, repensarse.«

 
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LF01 pág. 08, 2001.
 
 

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