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Delfina Segura, info@diariolaflecha.org artículo 3 de 6
 
  THE “GUOL”  
  CUANDO SURGIÓ, sin entender mucho qué sucedía, veía que, en la medida que ella crecía, a su derecha empezaban a construirse amplias casas con jardines y piletas, habitadas por familias integradas por pocas personas. Algunos niños se acercaban y jugaban con ella al paredón, otras personas la arreglaban pintándola de colores o con enredaderas y no faltó quien decidió colocarle encima una especie de "vincha" de púa, pensando que así estarían más seguros.
Al poco tiempo de quedar terminada, observó cómo, a su izquierda, se iban instalando cada vez más familias de muchos miembros en casas pequeñas y casillas bastantes oscuras.
Escuchando al guardia de la torre, que se encargaba de iluminarla por las noches, se enteró que al terreno derecho le decían "Country" y al izquierdo "Villa".
The "Guol" comenzó a observar lo diferente que vivía la gente de un lado y de otro, y su incomprensión crecía a medida que escuchaba los comentarios que provenían de ambos lados.
A menudo oía: "Cata, andá a hacer los deberes que dentro de poco llega tu maestra particular". Otras… "Marcos, ¿cómo te fue en el parcial?". The "Guol” sabía que, mientras los niños y jóvenes del country iban al colegio o a la universidad, del otro lado, escuchaba cada tanto a Juana, la mamá de Jonatan, que decía: "Hoy no vayas a la escuela, quedate cuidando a tus hermanitos que yo salgo a hacer una changa".
A lo largo del año fue registrando cuántas veces las tormentas y el barro que se acumulaba en la villa le habían impedido a Jonatan, al igual que a los pibes de la cuadra, ir a la escuela. Al mismo tiempo… escuchaba cómo los motores de las camionetas 4x4 se preparaban para llevar a Cata y a los otros chicos del country al colegio.
Otro día, tuvo la posibilidad de escuchar a Sergio, un pibe de 18 años, diciéndole al guardia, viejo amigo suyo: "Loco, no consigo laburo. Hace días que pateo buscando y en todo me piden que sepa computación…" Y pensar que Marcos, desde los 5, maneja perfectamente la PC.
Los sábados, observaba cómo se juntaban las barritas en las esquinas y entre tinto, cerveza y porro se pasaban toda la noche vagando… Del otro lado, tenían costumbres parecidas: el “preboliche”, se juntaban los chicos en una casa a tomar gancia, licores de todos los gustos, cerveza; después iban a un boliche y, cuando volvían, al amanecer, estaban todos en el mismo estado.
A pesar de que vio y escuchó mucho en su vida, The “Guol” siempre permaneció quieta, ocupando su lugar, cumpliendo su función. Nunca hizo nada para cambiar aquella situación que veía ¡al lado suyo! Después de todo, la construyeron para separar y eso era lo que hacía: separar, ocultar un lado al otro, marcar límites, diferencias. “Es que son realmente diferentes" -pensaba.
Y terminaba siempre por autoconvencerse.
Evidentemente ¿qué posibilidades tiene una pared de modificar una situación así?

Estos dos mundos tan distintos, divididos por una simple pared, existen hoy en Buenos Aires. A esta brecha la vemos crecer cada día. ¿Será que ya nos acostumbramos a que algunos tengan mucho y otros tengan tan poco?
Aparentemente, nos parece normal pensar que una persona que nació en una villa no tenga la posibilidad de terminar los estudios universitarios, lo que hará que difícilmente pueda progresar en el futuro para mejorar el nivel de vida.
Toda persona lleva en sí la capacidad de progresar, de cambiar su situación, pero para esto es necesario que existan condiciones que ayuden a poder lograrlo. La diferencia de oportunidades entre los que tienen mucho y los que no tienen nada es abismal. En un country el 95% tiene estudios universitarios mientras que en una villa, sólo un 0,3 %. Quizás a muchos nos preocupa, pero todavía no resolvimos esto. Somos como la pared: lo vemos, sabemos que está y creemos que seguirá existiendo y, lo peor de todo, de una manera u otra somos parte.
Los que tienen dinero, muchas veces dicen: “yo me lo gané con sacrificio, me lo merezco."... y hasta en varios casos afirman “los pobres son vagos, el que quiere trabajar, puede”.
¿No habría que tener más en cuenta la desigualdad de oportunidades?
Ahora, te pregunto: más allá de los hombres nacidos en las décadas del 50 o 60 del siglo pasado y de los “ricos y famosos” que no hacen nada… a vos, ¿nunca se te ocurrió pensar que podrías hacer algo para cambiar esto?
Quizá no vivís en un country ni en una villa y pensás que todo esto no tiene nada que ver con vos, o que no tenés "la plata" como para arreglar todo. Tal vez estas ideas ya las conversaste en alguna oportunidad, pero después no llegaron a nada.
Seguramente, vos tenés muchas de las siguientes posibilidades:
Sé leer y escribir / Puedo caminar / En la heladera de casa siempre hay algo para comer / Tengo amigos en los que confiar / Puedo ver / Me compro ropa / Tengo monedas para viajar en colectivo / Tengo facilidad para manualidades / Me rodea gente que me quiere / Tengo la posibilidad de ir a la facultad y estudiar / Toco algún instrumento… (estas son algunas sin tener en cuenta las que se te ocurran a vos).
Si vos tenés la oportunidad de ir a la Universidad, ya ese hecho puede hacer que las cosas cambien. Quizás en lo simple de enseñar a leer y escribir a un niño habrás cambiado la situación de esa persona; a su vez, esa persona cambiará la de su familia y su familia incidirá en el barrio… esto tan sólo porque vos le enseñaste a leer y a escribir a uno.
Imaginá cada una de las capacidades que tenés y toda la carrera que estás haciendo, orientadas a cambiar las injusticias y construir algo nuevo.
¿Y si tus compañeros y amigos hacen lo mismo…?
¿No habría muchas cosas diferentes?
¿Te da lo mismo?
Ser chico o nene y ponerte un guardapolvo o delantal para ir a la escuela o al colegio?
Dejar tus cosas en la pieza o en el cuarto y, luego de tomar la leche o el té, jugar a la pelota o al fútbol, tanto en el equipo rojo como el en colorado?
Ser un chabón o joven que cena o come y se va a joder o a divertirse cuando vaguea o sale con los pibes o los chicos y con las minas o las chicas?
Si te da lo mismo todo esto...
Vas por buen camino para empezar a cambiar las cosas.
Ya lo decía Doña... digo la Señora Teresa.«

 
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LF01 pág. 05, 2001.
 
 

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