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CUANDO
SURGIÓ, sin entender mucho qué
sucedía, veía que, en la medida
que ella crecía, a su derecha empezaban
a construirse amplias casas con jardines y
piletas, habitadas por familias integradas
por pocas personas. Algunos niños se
acercaban y jugaban con ella al paredón,
otras personas la arreglaban pintándola
de colores o con enredaderas y no faltó
quien decidió colocarle encima una
especie de "vincha" de púa,
pensando que así estarían más
seguros.
Al poco tiempo de quedar terminada, observó
cómo, a su izquierda, se iban instalando
cada vez más familias de muchos miembros
en casas pequeñas y casillas bastantes
oscuras.
Escuchando al guardia de la torre, que se
encargaba de iluminarla por las noches, se
enteró que al terreno derecho le decían
"Country" y al izquierdo "Villa".
The "Guol" comenzó a observar
lo diferente que vivía la gente de
un lado y de otro, y su incomprensión
crecía a medida que escuchaba los comentarios
que provenían de ambos lados.
A menudo oía: "Cata, andá
a hacer los deberes que dentro de poco llega
tu maestra particular". Otras…
"Marcos, ¿cómo te fue en
el parcial?". The "Guol” sabía
que, mientras los niños y jóvenes
del country iban al colegio o a la universidad,
del otro lado, escuchaba cada tanto a Juana,
la mamá de Jonatan, que decía:
"Hoy no vayas a la escuela, quedate cuidando
a tus hermanitos que yo salgo a hacer una
changa".
A lo largo del año fue registrando
cuántas veces las tormentas y el barro
que se acumulaba en la villa le habían
impedido a Jonatan, al igual que a los pibes
de la cuadra, ir a la escuela. Al mismo tiempo…
escuchaba cómo los motores de las camionetas
4x4 se preparaban para llevar a Cata y a los
otros chicos del country al colegio.
Otro día, tuvo la posibilidad de escuchar
a Sergio, un pibe de 18 años, diciéndole
al guardia, viejo amigo suyo: "Loco,
no consigo laburo. Hace días que pateo
buscando y en todo me piden que sepa computación…"
Y pensar que Marcos, desde los 5, maneja perfectamente
la PC.
Los sábados, observaba cómo
se juntaban las barritas en las esquinas y
entre tinto, cerveza y porro se pasaban toda
la noche vagando… Del otro lado, tenían
costumbres parecidas: el “preboliche”,
se juntaban los chicos en una casa a tomar
gancia, licores de todos los gustos, cerveza;
después iban a un boliche y, cuando
volvían, al amanecer, estaban todos
en el mismo estado.
A pesar de que vio y escuchó mucho
en su vida, The “Guol” siempre
permaneció quieta, ocupando su lugar,
cumpliendo su función. Nunca hizo nada
para cambiar aquella situación que
veía ¡al lado suyo! Después
de todo, la construyeron para separar y eso
era lo que hacía: separar, ocultar
un lado al otro, marcar límites, diferencias.
“Es que son realmente diferentes"
-pensaba.
Y terminaba siempre por autoconvencerse.
Evidentemente ¿qué posibilidades
tiene una pared de modificar una situación
así?
Estos dos mundos tan distintos, divididos
por una simple pared, existen hoy en Buenos
Aires. A esta brecha la vemos crecer cada
día. ¿Será que ya nos
acostumbramos a que algunos tengan mucho y
otros tengan tan poco?
Aparentemente, nos parece normal pensar que
una persona que nació en una villa
no tenga la posibilidad de terminar los estudios
universitarios, lo que hará que difícilmente
pueda progresar en el futuro para mejorar
el nivel de vida.
Toda persona lleva en sí la capacidad
de progresar, de cambiar su situación,
pero para esto es necesario que existan condiciones
que ayuden a poder lograrlo. La diferencia
de oportunidades entre los que tienen mucho
y los que no tienen nada es abismal. En un
country el 95% tiene estudios universitarios
mientras que en una villa, sólo un
0,3 %. Quizás a muchos nos preocupa,
pero todavía no resolvimos esto. Somos
como la pared: lo vemos, sabemos que está
y creemos que seguirá existiendo y,
lo peor de todo, de una manera u otra somos
parte.
Los que tienen dinero, muchas veces dicen:
“yo me lo gané con sacrificio,
me lo merezco."... y hasta en varios
casos afirman “los pobres son vagos,
el que quiere trabajar, puede”.
¿No habría que tener más
en cuenta la desigualdad de oportunidades?
Ahora, te pregunto: más allá
de los hombres nacidos en las décadas
del 50 o 60 del siglo pasado y de los “ricos
y famosos” que no hacen nada…
a vos, ¿nunca se te ocurrió
pensar que podrías hacer algo para
cambiar esto?
Quizá no vivís en un country
ni en una villa y pensás que todo esto
no tiene nada que ver con vos, o que no tenés
"la plata" como para arreglar todo.
Tal vez estas ideas ya las conversaste en
alguna oportunidad, pero después no
llegaron a nada.
Seguramente, vos tenés muchas de las
siguientes posibilidades:
Sé leer y escribir / Puedo caminar
/ En la heladera de casa siempre hay algo
para comer / Tengo amigos en los que confiar
/ Puedo ver / Me compro ropa / Tengo monedas
para viajar en colectivo / Tengo facilidad
para manualidades / Me rodea gente que me
quiere / Tengo la posibilidad de ir a la facultad
y estudiar / Toco algún instrumento…
(estas son algunas sin tener en cuenta las
que se te ocurran a vos).
Si vos tenés la oportunidad de ir a
la Universidad, ya ese hecho puede hacer que
las cosas cambien. Quizás en lo simple
de enseñar a leer y escribir a un niño
habrás cambiado la situación
de esa persona; a su vez, esa persona cambiará
la de su familia y su familia incidirá
en el barrio… esto tan sólo porque
vos le enseñaste a leer y a escribir
a uno.
Imaginá cada una de las capacidades
que tenés y toda la carrera que estás
haciendo, orientadas a cambiar las injusticias
y construir algo nuevo. ¿Y si tus
compañeros y amigos hacen lo mismo…?
¿No habría muchas cosas diferentes?
¿Te da lo mismo?
Ser chico o nene y ponerte un guardapolvo
o delantal para ir a la escuela o al colegio?
Dejar tus cosas en la pieza o en el cuarto
y, luego de tomar la leche o el té,
jugar a la pelota o al fútbol, tanto
en el equipo rojo como el en colorado?
Ser un chabón o joven que cena o come
y se va a joder o a divertirse cuando vaguea
o sale con los pibes o los chicos y con las
minas o las chicas?
Si te da lo mismo todo esto...
Vas por buen camino para empezar a cambiar
las cosas.
Ya lo decía Doña... digo la
Señora Teresa.«
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| LF01 pág.
05, 2001. |
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