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Ivana Lombroni, info@diariolaflecha.org artículo 2 de 6
 
  Dime qué USAs… te diré QUIÉN ERES.  
  CAMBIO, CAMBIO. Rápido. Moderno. Lo último. Renovar. Tiempo. Nuevo, viejo. Ahora, ya, ya, ya... Aparentemente todo pasa en muy poco tiempo.
Hoy en día, las cosas se hacen viejas rápidamente. Las zapatillas que compramos hace dos meses están en perfectas condiciones, pero son viejas. La pollera de jean a la rodilla que usabas hasta hace unas semanas corre el riesgo de quedar desplazada por las minis de jean que resurgen en esta primavera. En el verano, mejor ni pensar. Da la sensación de que, para comprar algo, hay que ver qué marcan las tendencias al decidir el largo del traje de baño de los hombres y el tamaño de las bikinis.
Las miles de novedades que todos los días son puestas a rodar en el mercado hacen parecer que la temporada pasada quedó definitivamente así, pasada. Si hay que hablar de características de la moda, hay una que le es propia: que todo lo de la temporada pasada es casi igual a lo que viene, pero en realidad nada nos sirve. Hay que comprar nuevamente. Por ejemplo, la camiseta de nuestro equipo de fútbol es igual a la del año pasado, pero cambió. No importa en qué, tranquilamente puede ser que ahora, a la nueva, le hayan agregado una rayita en el hombro o que hayan hecho la letra un centímetro más grande. No importa en qué, pero cambió, y vos seguís siendo hincha de ese mismo equipo, pero sos más y mejor hincha si te comprás la última. Es ahí donde pareciera que se juega toda la pasión. Da la impresión de que es la camiseta la que te da la “identidad” de ser hincha de ese equipo.
Uno de los grupos al que apunta el negocio de la moda –y gana seguro- es el de los adolescentes y jóvenes. La situación de los adultos es diferente: la profesión, el trabajo, el estado civil o los bienes que tienen son elementos de apoyo para identificarse, y la ropa, generalmente, queda en un segundo plano. Pero en los adolescentes y jóvenes, naturalmente, hay una mayor dependencia de la apariencia externa para presentarse ante los demás. Mientras se va adquiriendo una identidad firme y un rol en la sociedad, el look es, por excelencia, la manera de expresarse.
Es lógico y normal que esto se de, pero en este tiempo hay un verdadero problema: la producción de ropa “algo” distinta y el vértigo, la velocidad de cambio que tiene la moda no da ninguna posibilidad de estabilidad a la persona que la sigue. Esta inestabilidad en el vestir se traduce en inestabilidad en el modo de expresarse y, más profundamente, inestabilidad en su identidad, en lo que se es.
Por medio de su look, los jóvenes buscan mostrar quiénes son y qué es lo que piensan o sienten, qué les gusta y qué no. Ahora: si tienen una invasión de mensajes de los medios sobre el modo de vestir y, encima, ese modo cambia constantemente, ellos no se expresarán auténticamente, no podrán ir forjando una identidad sólida. De hecho, la moda dura sólo unos meses y no respeta a nadie. Después de llegar a su punto más alto, inmediatamente comienza a morir y deja el lugar a otra, y así sin parar nunca.

La apurada carrera por alcanzar “lo que se usa” produce el entumecimiento de las propias ideas y termina por permitir que unos pocos se encarguen de marcar qué usar y qué no. No aparecerá lo propio más allá de ciertos márgenes bien delimitados por la moda.

Después de muchos años de vivir así, es muy probable que no sea fácil darse cuenta de que sucede esto.
Pero te propongo un último cambio...
Esta vez no es un cambio superficial, es una propuesta que hace mucho tiempo no está de moda: frenar y pensar.
Primero, frenar la vorágine del cambio exigido por otros, como si eso fuera lo que hay que usar. Lo que quieren vender unos es simplemente un negocio y la opinión de los que te rodean es sólo eso, una opinión, pero ninguna de las dos cosas determina lo que realmente sos. Segundo, pensar un poco cómo querés ser vos, qué pensás de las cosas, del estudio, de la situación del país, del noviazgo o de lo que sea. Entonces, la forma en que te vistas será una expresión de lo que sos y pensás, y no de algo que otros te imponen o que tenés que usar para ser aceptado.«

 
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LF01 pág. 04, 2001.
 
 

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