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Dime qué USAs…
te diré QUIÉN ERES. |
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CAMBIO, CAMBIO. Rápido. Moderno. Lo
último. Renovar. Tiempo. Nuevo, viejo.
Ahora, ya, ya, ya... Aparentemente todo pasa
en muy poco tiempo.
Hoy en día, las cosas se hacen viejas
rápidamente. Las zapatillas que compramos
hace dos meses están en perfectas condiciones,
pero son viejas. La pollera de jean a la rodilla
que usabas hasta hace unas semanas corre el
riesgo de quedar desplazada por las minis
de jean que resurgen en esta primavera. En
el verano, mejor ni pensar. Da la sensación
de que, para comprar algo, hay que ver qué
marcan las tendencias al decidir el largo
del traje de baño de los hombres y
el tamaño de las bikinis.
Las miles de novedades que todos los días
son puestas a rodar en el mercado hacen parecer
que la temporada pasada quedó definitivamente
así, pasada. Si hay que hablar de características
de la moda, hay una que le es propia: que
todo lo de la temporada pasada es casi igual
a lo que viene, pero en realidad nada nos
sirve. Hay que comprar nuevamente. Por ejemplo,
la camiseta de nuestro equipo de fútbol
es igual a la del año pasado, pero
cambió. No importa en qué, tranquilamente
puede ser que ahora, a la nueva, le hayan
agregado una rayita en el hombro o que hayan
hecho la letra un centímetro más
grande. No importa en qué, pero cambió,
y vos seguís siendo hincha de ese mismo
equipo, pero sos más y mejor hincha
si te comprás la última. Es
ahí donde pareciera que se juega toda
la pasión. Da la impresión de
que es la camiseta la que te da la “identidad”
de ser hincha de ese equipo.
Uno de los grupos al que apunta el negocio
de la moda –y gana seguro- es el de
los adolescentes y jóvenes. La situación
de los adultos es diferente: la profesión,
el trabajo, el estado civil o los bienes que
tienen son elementos de apoyo para identificarse,
y la ropa, generalmente, queda en un segundo
plano. Pero en los adolescentes y jóvenes,
naturalmente, hay una mayor dependencia de
la apariencia externa para presentarse ante
los demás. Mientras se va adquiriendo
una identidad firme y un rol en la sociedad,
el look es, por excelencia, la manera de expresarse.
Es lógico y normal que esto se de,
pero en este tiempo hay un verdadero problema:
la producción de ropa “algo”
distinta y el vértigo, la velocidad
de cambio que tiene la moda no da ninguna
posibilidad de estabilidad a la persona que
la sigue. Esta inestabilidad en el vestir
se traduce en inestabilidad en el modo de
expresarse y, más profundamente, inestabilidad
en su identidad, en lo que se es.
Por medio de su look, los jóvenes buscan
mostrar quiénes son y qué es
lo que piensan o sienten, qué les gusta
y qué no. Ahora: si tienen una invasión
de mensajes de los medios sobre el modo de
vestir y, encima, ese modo cambia constantemente,
ellos no se expresarán auténticamente,
no podrán ir forjando una identidad
sólida. De hecho, la moda dura sólo
unos meses y no respeta a nadie. Después
de llegar a su punto más alto, inmediatamente
comienza a morir y deja el lugar a otra, y
así sin parar nunca.
La apurada carrera por alcanzar “lo
que se usa” produce el entumecimiento
de las propias ideas y termina por permitir
que unos pocos se encarguen de marcar qué
usar y qué no. No aparecerá
lo propio más allá de ciertos
márgenes bien delimitados por la moda.
Después de muchos años de vivir
así, es muy probable que no sea fácil
darse cuenta de que sucede esto.
Pero te propongo un último cambio...
Esta vez no es un cambio superficial, es una
propuesta que hace mucho tiempo no está
de moda: frenar y pensar.
Primero, frenar la vorágine del cambio
exigido por otros, como si eso fuera lo que
hay que usar. Lo que quieren vender unos es
simplemente un negocio y la opinión
de los que te rodean es sólo eso, una
opinión, pero ninguna de las dos cosas
determina lo que realmente sos. Segundo, pensar
un poco cómo querés ser vos,
qué pensás de las cosas, del
estudio, de la situación del país,
del noviazgo o de lo que sea. Entonces, la
forma en que te vistas será una expresión
de lo que sos y pensás, y no de algo
que otros te imponen o que tenés que
usar para ser aceptado.« |
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| LF01 pág.
04, 2001. |
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