« Encuentro 2004 | Los estudiantes y la sociedad hoy I: "Despues del Bla Bla ¿que hacer?"
   
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  Sergio Balardini | Juan Frid | Luciano Iramain  
     
  Buenas noches
Antes que nada agradeceles a los chicos que me hayan invitado, porque siempre uno tiene la idea de una idea siempre puede acercar y al mismo tiempo se aprende en este tipo de encuentros.
Mi nombre es Sergio Balardini, trabajo en FLACSO en temas de juventud, de participación, ya hace bastante tiempo. Con relación al tema, lo interesante es que cuando yo era joven participe mucho: tuve militancia política juvenil, pero también militancia alternativa, en los tiempos de los militares hacia revistas subterráneas me juntaba con la gente de revistas como el expreso imaginario, como pan caliente, y algunas otras, que para sus padres o hermanos mayores puede tener alguna significación. Luego me dedique a estudiar estos asuntos pero tengo alguna idea de ha sido vivir aquella practica juvenil de participación en distintos ámbitos, y habitual me encuentro, trabajo y hago muchas cosas con distintos grupos juveniles, mas formales menos formales, institucionalizados, no institucionalizados. No solo en capital, sino también en provincia, en el interior. Tengo amigos vinculados a grupos juveniles de Hip Hop, de cosa así bastante diversas unas de otras.
Hecha esa aclaración como para que tengan una idea de quien habla, me toca hacer una introducción al tema, ser el primer panelista, ser el mas aburrido podría ser, porque me propongo hablar un poquito de algunas notas conceptuales, luego habrá quienes les expresen y les cuenten algunas practicas algo mas concreto, y seguramente mas entretenido. Pero de todas maneras me parece que vale la pena alguna cuestión conceptual, y de contexto también, con relación a la participación.

Participación en los 60, 70

La primera cuestión que se me ocurre es la participación en la distancia de ayer a hoy. ¿Qué pasaba? ¿Por qué? ¿Cómo era que se participaba? Esto tan famoso... los ’60 - ’70 ¿no? Ahora que se habla de los setentistas ¿Qué pasó en los noventa? ¿Cómo estamos ahora? ¿Eso es distinto o no es distinto? ¿Por qué razones? en fin. Tengo mi mirada. No significa que sea la única, simplemente es una.
En los años ’60 - ’70, lo que puede verse es una radicalización de la política y del mundo de la cultura, Pero básicamente una radicalización del mundo de la política: conflicto Este - Oeste, Capitalismo - Socialismo, Estados Unidos – Rusia. Un conflicto ideológico muy fuerte, y también militar, bélico, por supuesto: guerras de Argelia, Vietnam, los procesos de descolonización. Los años sesenta son muy fuertes, muy radicalizados política - ideológicamente. En su recorrido se van radicalizando cada vez más. Al mismo tiempo, en esos años, los jóvenes tienen una presencia muy protagónica en los espacios de participación.
¿Cómo fue que los jóvenes se fueron involucrando, poco a poco, cada vez mas en esos espacios? Después de la segunda guerra, comenzaron a producirse una serie de circunstancias que promovieron el nacimiento de ciertas culturas juveniles, que antes solo existían marginalmente o como grupos de vanguardia. Estoy pensando en antes estaban la generación perdida, los subjuvenilistas en la reforma del ‘18 en Córdoba. Pero en realidad lo uno encuentra después de la guerra es que, por una parte, la pugna Este - Oeste radicaliza la política y por otra los jóvenes exigen cada vez mayor participación ¿en qué sentido? En poder tomar decisiones acerca de su vida, o los mundos en donde desarrollan su vida. Comienzan por la familia, comienzan a demandar tomar decisiones en el seno de la familia, vinculado a que los jóvenes participan mas del mercado de trabajo, que al hacerlo obtienen recursos, que se va construyendo un estado de bienestar, entonces los jóvenes no tienen que poner aquellos que eran sus ingresos para sostener su grupo familiar, sino que lo pueden empezar a gastar en beneficio propio, lo que suponía la construcción de espacios de intereses propios, un mercado de consumo propio para jóvenes. En fin, se va construyendo el espacio de las culturas juveniles.
Justamente por estas razones, los jóvenes van teniendo mas espacio para la toma de decisiones. Lo que sucede es que cada vez exigen mayores espacios para la toma de decisiones. Aquello que comienza en cuanto a las diferencias generacionales entre sus padres, y cómo ellos sienten que tienen que tomar ciertas decisiones en el seno de la familia, o permitirse de ser más autónomos y tomar más decisiones, va ampliándose a los demás campos. Así, cruzando esto con la radicalización de la política, surge el tema de la participación tan protagónica de los jóvenes en los años ’60 y principio de los ’70, con muchísimas particularidades que no puedo nombrar ahora. Por supuesto que es solo un esquema de lo real.

Contexto de los 60, 70 y los 90

Ahora bien, ¿cuales eran las características de esos procesos de radicalización política en la cual participaban mucho los jóvenes y por que se daba así? Hay un sociólogo norteamericano conservador, que vio las cosas muy claras en ese momento. Se llama Daniel Bell. Daniel Bell escribió un libro en el año ’77 llamado Las contradicciones culturales del capitalismo. ¿Qué dice, o que dijo en ese momento? es muy interesante leerlo aun hoy. Fíjense en el título del libro: Las contradicciones culturales del capitalismo. Piensen en esa cosa de la ética protestante norteamericana. El capitalismo, tal como nosotros lo entendemos, tiene que tener una tasa de ganancia, esta basado en el ahorro, la inversión, la ganancia, cierto sistema competitivo del capitalismo, imaginaba Bell. Pero si la gente pide cada vez mejor calidad de vida, mayor bien estar, construir un estado de bienestar, mejor servicio social, más esto, más aquello, más lo otro, en definitiva esta cuestión lo que hace es que comience a haber contradicciones culturales en el capitalismo, porque si todo eso vamos a responderlo el capitalismo, como tal, va a tener una crisis, porque no vamos a estar en condiciones de tener ganancia si tenemos que responder a cada vez mas y mas necesidades, que se van planteando como tales. Entonces Daniel Bell dice en realidad estamos en problemas, anuncia a los capitalistas del momento – comienzos de lo’70 -, porque la política y una cierta cultura de la calidad de vida están dominando la economía. Quien conduce la sociedad no es la economía, no es el capitalismo, sino que la conduce la política, la voluntad, y cuestiones de índole político-cultural. Esto nos va a hacer entrar en una crisis.

¿Que es lo que me interesa señalar, básicamente, de esta lectura? Lo siguiente: que en esos años la política era hegemónica sobre la economía. La radicalización política que se fue dando desde la posguerra hasta los años ‘60-’70, comienzos de los ’70, mediados de los ’70, produjo no solo tensiones muy grandes y posicionamientos ideológicamente muy fuertes, cada vez más duros, cada vez más radicales, cada vez más confrontativos, cada vez más enblocados, sino que además se trataba de que la política subordinaba a la economía. La gran diferencia que vamos a ver en los años ’90 es que, precisamente, es la inversa.


Los años ’90 van a ser los años en donde la economía subordina a la política. Las contradicciones culturales que tiene el capitalismo, señalada Daniel Bell plantea un problema (no puede haber tasa de ganancia ni reproducirse el capitalismo con tamañas exigencias de demandas. Motivo de eso la crisis fiscal, motivo de eso la crisis inflacionaria, en fin). Entonces aparecen otros intelectuales de la derecha en particular, el establishment más clásico y del partido republicano. Samuel Handinton, Michel Crosier, otros cuantos, escriben una serie de documentos para la comisión trilateral, que así se llamaba en el año ’75. En realidad son las pautas que luego en los años ’90, con algún tipo de corrección, va a ser lo que se denominó el Consenso de Washington, que escribe un tal Wiliamson a pedido de estos grandes organismos (Banco Mundial, FMI). Lo que hacen Crosier, Handinton, etc., es plantear una respuesta y una salida al interrogante que, desde los dueños del capital, plantea Daniel Bell.

Lo que dicen ellos es: tenemos una sobrecarga de demandas, un exceso de democracia (así estan planteados en los documentos del año 1975, que escriben para la Trilateral Comision). Un exceso de democracia y una sobrecarga de demandas sobre el estado. Por lo tanto hay que actuar sobre eso para desmontar esas dos cuestiones. Esto es lo que sucedió desde mediado de los años ’70 hasta... bueno a partir de los años ’70, todavía no han terminado. Nosotros supimos verlo, en sus primeros años, durante la dictadura, en los años de Martinez de Hoz. Los años ’90 fueron como el cierre de todo eso. La profundización y cierre de aquello. ¿Cuáles fueron las características de eso? Básicamente, lo que ya saben: privatización, descentralización en cierto sentido, o sea cierta reforma del estado, apertura de la exportación indiscriminada, el famoso “deme dos” de la época de Martines de Hoz que ustedes recordaran por los comentarios de padres o de otros adultos, tenían que ver precisamente con estas cosa: reformar el estado, cambiar el estado, que no se podía hacer en democracia, obviamente. Ahí tuvieron que ver todos los golpes de estado que hubo en la región, con mucha proscripción, mucha represión – todo lo que saben y no voy a recordar -, pasaron a lo que se llamo Doctrina de Seguridad Nacional, lo que permitió acompañar estos procesos.
Al mismo tiempo, una nueva revolución científico-técnica, una nueva tecnología en la organización productiva, que permitiese también modificar todo, no solamente en la reforma del estado, sino también en los espacios productivos (los modelos de gestión, el lugar de los trabajadores, el tema de la famosa productividad, el reemplazo por las nuevas formas tecnológicas, primero la robotización, luego a informatización). Muchísimas cuestiones que fueron llevando, poco a poco, a desarmar todo aquellos que de alguna manera lo que hacia era, según los términos de Handinton y Crosier, sobrecargar de demanda del estado y exceso de democracia. O sea, desarmamos los partidos políticos, dejamos de lado la democracia, reprimimos, proscribimos, no hay más sindicatos, nadie discute nada. Reformamos la economía, reformamos el estado. Nueva sociedad. Nuevamente el capitalismo podrá tener sus ganancias. En fin.

La política como espacio de transformación

Quiero decir, es mucho lo que sucedió, básicamente esto que decía antes: comienzo de los ‘60-’70 la política subordina a la economía, y en los años ’90 la economía subordina a la política. ¿Qué significa esto? Que, si en los años ’60s y ‘70s la política era vivida, y por los jóvenes en particular, como un lugar desde el cual trasformar cosas, cambiar la realidad, con una idea muy utópica y radicalizada también, pero que centralmente la política tiene sentido, es una palabra que vale, es un valor, la política significa la posibilidad de cambiar la realidad, así era vivido. Es mas: era vivido como un deber ser. Quien no participaba en la política estaba medio desubicado. Además, era como una avenida hacia la revolución, en el sentido de “lo vamos a poder cambiar todo”. No sólo era bueno hacer política, sino cuanto más política hagamos, y cuantos más seamos los que hagamos política, mejor todavía, porque más rápido se van a producir los cambios. Había convicción, certeza, lo que llevaba incluso a dar la vida por ello.
Muchísimo más se podría decir, pero quiero señalar o subrayar esto: el lugar de voluntad y de la política como espacio de definición, y la política sentida por todos como algo muy valioso y que podía transformar la realidad. Y los jóvenes diciendo: la política esta para transformar la realidad, yo joven que quiero ser protagonista del mundo, de mi mundo y del mundo, quiero tomar decisiones ahí. Por tanto, todo lo que significó, en los años ‘60-’70, las organizaciones juveniles en política. Los jóvenes, en esa época, no tenían padres en la política. Tenían “abuelos”, en todo caso: Mao y Perón. Pero si ustedes van a ver quienes son los jefes, o que tipo de política hay en esa época, son todas organizaciones novedosas, constituidas y dirigidas por jóvenes. Ejemplos los que quieran: Praga, en el ’68; el mayo del ’68 en París; la primavera de Roma, en el ’69; las cosa que sucedían en Okinahua, Japón; el Cordobazo, aquí. Donde uno fuera, encontraba una renovación muy fuerte de la política, también de la cultura, donde los jóvenes participaban muy activamente, bajo este concepto: cuantos más, cuanto más hagamos, va a ocurrir más prontamente el cambio que todos decían que hacia falta.
Ese sentido de la política, como lugar de transformación del mundo, se convierte, cuando la economía pasa a subordinar a la política, por todos los cambios que les fui mencionando, en pura administración. ¿Cuál era el concepto de la política en los años ‘90? La administración, no el cambio, no la transformación. ¿Qué adjetivaciones la acompañaban? La administración de lo dado, pero con eficacia y honestidad.
Entonces no prometer que vamos a cambiar demasiado las cosas, porque no se pueden cambiar. Cosa muy complicada, porque además eso significaba naturalizar las relaciones sociales. Naturalizar: pobres hubo y habrá siempre. Y además es una naturalización que como tal no es cierta, porque se trata de la sociedad, de la cultura y de la política. Ahí no hay naturaleza. Sin embargo, se planteaba en términos de la naturalización de lo dado. No podía transformarse, no podían cambiarse esas relaciones sociales. A lo mas seamos honestos y eficaces, reforma del estado mediante y todas estas cuestiones. Todos sabemos: ni siquiera cumplió su promesa de honestidad y eficacia la política de los ’90. Administró, hizo una transformación de lo real, pero en sentido negativo, para mi modo de ver. Pero además, si bien su objetivo no era cambiar la realidad, lo que sí hizo fue administrar con mucha corrupción y con muy baja eficacia. Ya sabemos que los intereses de ciertos grupos que se llevaron todo lo que se llevaron, más allá de la crisis del 2001, más allá y más acá.
En este contexto, la política pensada, planteada, promovida como la administración de lo dado no puede seducir a nadie. No puede ser atractiva para nadie. Menos para jóvenes. Entonces, cuando se pregunta acerca de la participación de los jóvenes en los ’90, sucede que la participación cambia, y mucho. ¿Quienes quedan participando, como jóvenes, en la política? Fundamentalmente, aquellos jóvenes que han tenido algún tipo de socialización familiar vinculada a la política. Y no me refiero a los portadores de apellidos, que terminan siendo los jefecitos de agrupaciones, sino que estoy pensando en pibes que laburan muy bien dentro de estructuras partidaria, en barrios de cualquier lugar, haciendo todo lo que pueden hacer. ¿Cuál es la convicción de estos chicos? Charlando con ellos, uno lo que observaba es que tienen una convicción muy fuerte, motivada, en muchísimos casos, por algún adulto que había participado y militado. Ellos habían recibido algún tipo de socialización en ese sentido, de la utilidad de la política, más allá de lo que representaba la política concretamente durante los ’90.
¿Qué hacen los jóvenes durante los ‘90? Participan, pero no en la política partidaria. Comienzan a participar cada vez más en otros tipos de instancias y ambientes. Porque, a todo lo que les mencioné, lo de la economía subordinando a política a, y la política pensada sólo como la administración de las cosas sin transformarse, a eso hay que agregarle una lectura muy concreta de los años de la democracia en donde la política aparece, en relación a los jóvenes, como un espacio de manipulación, espacio de uso y abuso, espacio de servicio para tal o cual dirigente, donde la política aparece también con distintos índices de corrupción. Y básicamente con un uso de los jóvenes muy manipulatorio. Entonces si uno suma una y otra cosa, no es el espacio de la política partidaria el que seduce a la participación. Excepto, aquellos que visualizan la política como espacio profesional, como espacio hasta de militancia profesional si se quiere (son profesionales de la política). Y, por otra parte, aquellos que habían tenido alguna socialización familiar que, de alguna manera, compensaba lo que estaba representando la política real durante los mismos años ’90.
Durante los años ’90 los jóvenes participan en otros lugares: donde la relación sea cara a cara, concreta y próxima, en donde haya una relación de eficacia con el esfuerzo que uno hace, en donde se vea el producto de aquello que uno hace, donde no se busca un saldo organizativo (la construcción del partido, por ejemplo). Se busca saldo de resultados. Eso se vio mucho en los ’90, tanto en cuestiones concreto-materiales, de propuestas, de transformación socio-comunitarias, como de gestión cultural. Pero también se ve en acciones de denuncia, cuando estiman que eso tiene algún grado de eficacia, cuando es estéticamente necesario, o cuando creen que no van a ser manipulados. Por ejemplo el caso Bulacio, por ejemplo el caso María Soledad Morales. Cuando aparecían ese tipo de situaciones los jóvenes salían masivamente a las calles, a bancar ese y otros casos. Pero esto no era conducido por ningún partido político. Aunque participara gente vinculada a la política. Es decir, no es que los jóvenes se guardaban y no querían saber nada, sino que los lugares y las instancias de participación comenzaban a ser otros, con otros tipos de motivaciones. ¿Por qué? Por lo que decía recién: lo que prometía la política.

Otros modos de participar

Ahora en el 2004... quiere decir: los ‘90 fueron hace catorce años. Un joven que hoy tiene veinticuatro, en el ’90 tenia diez años. Un joven que hoy tiene veinte, en el ’90 tenia seis años. Para mí, los que hoy son jóvenes, entre veinte y veinticuatro, se socializaron durante los años ’90. Su socialización política es la de los años ’90 (esto para mí es grave). Pero de todas maneras, esto debe ponerse en tensión lo que significa la socialización política en una y otra época: la de los setentistas y la de los años ’90, para poder reflexionar y repensarla.
Por ejemplo, yo rescato muchisismo esta cuestión del interés por lo concreto y por la eficacia de las acciones. Me parece muy importante. Ahora, eso hay que tensionarlo en relación a cómo se logran esas eficacias de las acciones. Yo creo que después del 2001, aparece alguna forma de repolitización incipiente, de practicas, de participación, que no son de las practica de partido. ¿Qué quiero decir con Incipiente repolitización? Que comienza a haber en muchos grupos de jóvenes, que yo veo que hacen muchas cosas, pregunta por el sentido de lo que hacen. La pregunta por cómo esto se enlaza con otras cosas. Lo que no significa que terminan diciendo, hay que construir un partido político o hay que subirse a uno. No se trata de ese estadio. Yo, lo que advierto, es que en los años ’90 esta pregunta estaba muy graduada o no aparecía. Hoy yo veo muchos jóvenes que participan en muchisismo proyectos socioculturales, una pregunta acerca del sentido. Esto es lo que yo llamo un indicio de repolitización, en el sentido más puro y positivo del término.
Quiero decir un par de cosas más que me parece que también marcan la diferencia: es el tema de las generaciones y las sensibilidades generacionales. No es ni mejor ni peor haber nacido en los ’70 o en los ’90. Es absolutamente diferente en todo caso. Ahora si uno tiene claro que muy es diferente, tiene que hacer un esfuerzo de comprensión de lo distinto. Si alguien en los ’70 imaginaba a la política como un joven socializado en los ’90, era considerado como un bicho raro, era descalificado. Si alguien hoy intenta militar como en los ’70, de hecho hay, es visto por los demás como un bicho raro. Como alguien desubicado, salido de contexto, o que no se entiende su practica o su discurso.
En términos generacionales, quienes militaron en los ‘60-’70, tenían un mandato moral muy fuerte. Y digo esto en un sentido positivo y negativo al mismo tiempo. Un mandato de disciplina, un mandato de moral, un mandato de deber, había que hacerlo. Y el concepto de militar vinculado a esta cosa de los militares: Saludo uno, saludo dos, jerarquía, disciplina, verticalidad, además de los términos en que se plantean los antagonismos, había que formar hordas, esa cosa cerrada. En aquel tiempo era muy fuerte era esta lógica de tremendo antagonismo, producto de toda aquella radicalización. Cuestiones de seguridad, cuestiones culturales, morales por supuesto, y que generaron un militante sufrido.
Lo que me parece que se produce a partir de los ’90 es que se puede participar - no sé si llamarlo militancia, porque no me gusta como “militar”, no quiero ser un militar – y además me divierto. O sea, en lugar de participar desde un orden moral y un deber ser, la participación parece que es más desde un lugar de la ética y estética, en los años ’90 y después. Esto me resulta muy interesante. Uno ve las formas como se hacen las cosas y aquello que es el producto: Hay algo así como una ética de la ética, una ética de la estética, y una estética de la ética. Es muy fuerte como participan los jóvenes hoy, y hubiera sido absolutamente impugnado y vetado en aquellos tiempos. Hay una película italiana que habla de la militancia política, Ahora o nunca creo que se llama, en los ’70 un padre y en los ’90 un hijo, en Roma. Yo se la se recomiendo esa película porque es maravillosa para verla y para discutirla.
¿Cuál es la pregunta inicial? Una síntesis de pregunta: ¿Qué es más importante? Asistir a una asamblea universitaria donde se va a discutir la autonomía o el presupuesto de no sé qué cosa, o asistir a la primera relación sexual. En los ’70 no había discusión posible, no había registro de duda. Había que ir a la asamblea y, en todo caso, pedir permiso para tener cierta relación sexual. No les tengo que decir lo que responderían ustedes. Esto me parece muy fuerte en términos de sensibilidades. Lo que no quiere decir que el tipo de participación de hoy me parezca una fiesta, ni una verdad consagrada, ni crea que no requiera ser puesta en tensión. Pero de todas maneras creo tiene muchas cosas que son, por un lado, son propias de época y también muchas que son muy sanas.
Un par de frases más:
Es tan importante lo que se hace como el proceso a través del cual se hace. Esto me parece que es parte de la ética y la estética de la participación, pero que sin embargo requiere reflexión.
Lo otro es: es tan importante participar en cuestiones socio-culturales, socio-comunitarias, como en política, también, de partido. Porque, finalmente, la conducción de los países tiene que ver con votar, elecciones y todo ese tipo de cosas. Me parece que construir una buena sociedad civil, democrática, con mucha participación, tensiona a los partidos en cuanto a que tiene que mejorar. Es una tensión hacia el tipo de practica política de los partidos.
La otra cuestión que me planteo es cómo vincular este tema del presente perpetuo, que es parte de la lógica de los ’90, posmoderna, y muchas de las cosas que vivimos hoy, en donde yo valoro mucho el tema de lo concreto, pero además me parece la reflexión sobre cómo se enlaza esto con los medianos plazos, y con estrategias, también es algo que valdría la pena, seguramente sucederá en estos procesos de repolitización según creo yo, de ir pensándose. Lo cual no quiere decir que hay que militar a los partidos, ni mucho menos. Habrá quienes militen en los partidos, quienes hagan acciones socio-comunitarias, quienes estén participando en proyectos socio-culturales. Tal vez lo beneficioso de esto sea que todo eso es necesario, todo eso debe convivir, todo eso debe colaborar. Ninguno de estos ámbitos debe pretender que subsume y resuelve al otro.«

 
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Sergio Balardini


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