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Buenas
noches
Antes que nada agradeceles a los chicos que
me hayan invitado, porque siempre uno tiene
la idea de una idea siempre puede acercar
y al mismo tiempo se aprende en este tipo
de encuentros.
Mi nombre es Sergio Balardini, trabajo en
FLACSO en temas de juventud, de participación,
ya hace bastante tiempo. Con relación
al tema, lo interesante es que cuando yo era
joven participe mucho: tuve militancia política
juvenil, pero también militancia alternativa,
en los tiempos de los militares hacia revistas
subterráneas me juntaba con la gente
de revistas como el expreso imaginario, como
pan caliente, y algunas otras, que para sus
padres o hermanos mayores puede tener alguna
significación. Luego me dedique a estudiar
estos asuntos pero tengo alguna idea de ha
sido vivir aquella practica juvenil de participación
en distintos ámbitos, y habitual me
encuentro, trabajo y hago muchas cosas con
distintos grupos juveniles, mas formales menos
formales, institucionalizados, no institucionalizados.
No solo en capital, sino también en
provincia, en el interior. Tengo amigos vinculados
a grupos juveniles de Hip Hop, de cosa así
bastante diversas unas de otras.
Hecha esa aclaración como para que
tengan una idea de quien habla, me toca hacer
una introducción al tema, ser el primer
panelista, ser el mas aburrido podría
ser, porque me propongo hablar un poquito
de algunas notas conceptuales, luego habrá
quienes les expresen y les cuenten algunas
practicas algo mas concreto, y seguramente
mas entretenido. Pero de todas maneras me
parece que vale la pena alguna cuestión
conceptual, y de contexto también,
con relación a la participación.
Participación en los 60, 70
La primera cuestión que se
me ocurre es la participación en la
distancia de ayer a hoy. ¿Qué
pasaba? ¿Por qué? ¿Cómo
era que se participaba? Esto tan famoso...
los ’60 - ’70 ¿no? Ahora
que se habla de los setentistas ¿Qué
pasó en los noventa? ¿Cómo
estamos ahora? ¿Eso es distinto o no
es distinto? ¿Por qué razones?
en fin. Tengo mi mirada. No significa que
sea la única, simplemente es una.
En los años ’60 - ’70,
lo que puede verse es una radicalización
de la política y del mundo de la cultura,
Pero básicamente una radicalización
del mundo de la política: conflicto
Este - Oeste, Capitalismo - Socialismo, Estados
Unidos – Rusia. Un conflicto ideológico
muy fuerte, y también militar, bélico,
por supuesto: guerras de Argelia, Vietnam,
los procesos de descolonización. Los
años sesenta son muy fuertes, muy radicalizados
política - ideológicamente.
En su recorrido se van radicalizando cada
vez más. Al mismo tiempo, en esos años,
los jóvenes tienen una presencia muy
protagónica en los espacios de participación.
¿Cómo fue que los jóvenes
se fueron involucrando, poco a poco, cada
vez mas en esos espacios? Después de
la segunda guerra, comenzaron a producirse
una serie de circunstancias que promovieron
el nacimiento de ciertas culturas juveniles,
que antes solo existían marginalmente
o como grupos de vanguardia. Estoy pensando
en antes estaban la generación perdida,
los subjuvenilistas en la reforma del ‘18
en Córdoba. Pero en realidad lo uno
encuentra después de la guerra es que,
por una parte, la pugna Este - Oeste radicaliza
la política y por otra los jóvenes
exigen cada vez mayor participación
¿en qué sentido? En poder tomar
decisiones acerca de su vida, o los mundos
en donde desarrollan su vida. Comienzan por
la familia, comienzan a demandar tomar decisiones
en el seno de la familia, vinculado a que
los jóvenes participan mas del mercado
de trabajo, que al hacerlo obtienen recursos,
que se va construyendo un estado de bienestar,
entonces los jóvenes no tienen que
poner aquellos que eran sus ingresos para
sostener su grupo familiar, sino que lo pueden
empezar a gastar en beneficio propio, lo que
suponía la construcción de espacios
de intereses propios, un mercado de consumo
propio para jóvenes. En fin, se va
construyendo el espacio de las culturas juveniles.
Justamente por estas razones, los jóvenes
van teniendo mas espacio para la toma de decisiones.
Lo que sucede es que cada vez exigen mayores
espacios para la toma de decisiones. Aquello
que comienza en cuanto a las diferencias generacionales
entre sus padres, y cómo ellos sienten
que tienen que tomar ciertas decisiones en
el seno de la familia, o permitirse de ser
más autónomos y tomar más
decisiones, va ampliándose a los demás
campos. Así, cruzando esto con la radicalización
de la política, surge el tema de la
participación tan protagónica
de los jóvenes en los años ’60
y principio de los ’70, con muchísimas
particularidades que no puedo nombrar ahora.
Por supuesto que es solo un esquema de lo
real.
Contexto de los 60, 70 y los 90
Ahora bien, ¿cuales eran las
características de esos procesos de
radicalización política en la
cual participaban mucho los jóvenes
y por que se daba así? Hay un sociólogo
norteamericano conservador, que vio las cosas
muy claras en ese momento. Se llama Daniel
Bell. Daniel Bell escribió un libro
en el año ’77 llamado Las contradicciones
culturales del capitalismo. ¿Qué
dice, o que dijo en ese momento? es muy interesante
leerlo aun hoy. Fíjense en el título
del libro: Las contradicciones culturales
del capitalismo. Piensen en esa cosa de la
ética protestante norteamericana. El
capitalismo, tal como nosotros lo entendemos,
tiene que tener una tasa de ganancia, esta
basado en el ahorro, la inversión,
la ganancia, cierto sistema competitivo del
capitalismo, imaginaba Bell. Pero si la gente
pide cada vez mejor calidad de vida, mayor
bien estar, construir un estado de bienestar,
mejor servicio social, más esto, más
aquello, más lo otro, en definitiva
esta cuestión lo que hace es que comience
a haber contradicciones culturales en el capitalismo,
porque si todo eso vamos a responderlo el
capitalismo, como tal, va a tener una crisis,
porque no vamos a estar en condiciones de
tener ganancia si tenemos que responder a
cada vez mas y mas necesidades, que se van
planteando como tales. Entonces Daniel Bell
dice en realidad estamos en problemas, anuncia
a los capitalistas del momento – comienzos
de lo’70 -, porque la política
y una cierta cultura de la calidad de vida
están dominando la economía.
Quien conduce la sociedad no es la economía,
no es el capitalismo, sino que la conduce
la política, la voluntad, y cuestiones
de índole político-cultural.
Esto nos va a hacer entrar en una crisis.
¿Que es lo que me interesa señalar,
básicamente, de esta lectura? Lo siguiente:
que en esos años la política
era hegemónica sobre la economía.
La radicalización política que
se fue dando desde la posguerra hasta los
años ‘60-’70, comienzos
de los ’70, mediados de los ’70,
produjo no solo tensiones muy grandes y posicionamientos
ideológicamente muy fuertes, cada vez
más duros, cada vez más radicales,
cada vez más confrontativos, cada vez
más enblocados, sino que además
se trataba de que la política subordinaba
a la economía. La gran diferencia que
vamos a ver en los años ’90 es
que, precisamente, es la inversa.
Los años ’90 van a ser los años
en donde la economía subordina a la
política. Las contradicciones culturales
que tiene el capitalismo, señalada
Daniel Bell plantea un problema (no puede
haber tasa de ganancia ni reproducirse el
capitalismo con tamañas exigencias
de demandas. Motivo de eso la crisis fiscal,
motivo de eso la crisis inflacionaria, en
fin). Entonces aparecen otros intelectuales
de la derecha en particular, el establishment
más clásico y del partido republicano.
Samuel Handinton, Michel Crosier, otros cuantos,
escriben una serie de documentos para la comisión
trilateral, que así se llamaba en el
año ’75. En realidad son las
pautas que luego en los años ’90,
con algún tipo de corrección,
va a ser lo que se denominó el Consenso
de Washington, que escribe un tal Wiliamson
a pedido de estos grandes organismos (Banco
Mundial, FMI). Lo que hacen Crosier, Handinton,
etc., es plantear una respuesta y una salida
al interrogante que, desde los dueños
del capital, plantea Daniel Bell.
Lo que dicen ellos es: tenemos una sobrecarga
de demandas, un exceso de democracia (así
estan planteados en los documentos del año
1975, que escriben para la Trilateral Comision).
Un exceso de democracia y una sobrecarga de
demandas sobre el estado. Por lo tanto hay
que actuar sobre eso para desmontar esas dos
cuestiones. Esto es lo que sucedió
desde mediado de los años ’70
hasta... bueno a partir de los años
’70, todavía no han terminado.
Nosotros supimos verlo, en sus primeros años,
durante la dictadura, en los años de
Martinez de Hoz. Los años ’90
fueron como el cierre de todo eso. La profundización
y cierre de aquello. ¿Cuáles
fueron las características de eso?
Básicamente, lo que ya saben: privatización,
descentralización en cierto sentido,
o sea cierta reforma del estado, apertura
de la exportación indiscriminada, el
famoso “deme dos” de la época
de Martines de Hoz que ustedes recordaran
por los comentarios de padres o de otros adultos,
tenían que ver precisamente con estas
cosa: reformar el estado, cambiar el estado,
que no se podía hacer en democracia,
obviamente. Ahí tuvieron que ver todos
los golpes de estado que hubo en la región,
con mucha proscripción, mucha represión
– todo lo que saben y no voy a recordar
-, pasaron a lo que se llamo Doctrina de Seguridad
Nacional, lo que permitió acompañar
estos procesos.
Al mismo tiempo, una nueva revolución
científico-técnica, una nueva
tecnología en la organización
productiva, que permitiese también
modificar todo, no solamente en la reforma
del estado, sino también en los espacios
productivos (los modelos de gestión,
el lugar de los trabajadores, el tema de la
famosa productividad, el reemplazo por las
nuevas formas tecnológicas, primero
la robotización, luego a informatización).
Muchísimas cuestiones que fueron llevando,
poco a poco, a desarmar todo aquellos que
de alguna manera lo que hacia era, según
los términos de Handinton y Crosier,
sobrecargar de demanda del estado y exceso
de democracia. O sea, desarmamos los partidos
políticos, dejamos de lado la democracia,
reprimimos, proscribimos, no hay más
sindicatos, nadie discute nada. Reformamos
la economía, reformamos el estado.
Nueva sociedad. Nuevamente el capitalismo
podrá tener sus ganancias. En fin.
La política como espacio de
transformación
Quiero decir, es mucho lo que sucedió,
básicamente esto que decía antes:
comienzo de los ‘60-’70 la política
subordina a la economía, y en los años
’90 la economía subordina a la
política. ¿Qué significa
esto? Que, si en los años ’60s
y ‘70s la política era vivida,
y por los jóvenes en particular, como
un lugar desde el cual trasformar cosas, cambiar
la realidad, con una idea muy utópica
y radicalizada también, pero que centralmente
la política tiene sentido, es una palabra
que vale, es un valor, la política
significa la posibilidad de cambiar la realidad,
así era vivido. Es mas: era vivido
como un deber ser. Quien no participaba en
la política estaba medio desubicado.
Además, era como una avenida hacia
la revolución, en el sentido de “lo
vamos a poder cambiar todo”. No sólo
era bueno hacer política, sino cuanto
más política hagamos, y cuantos
más seamos los que hagamos política,
mejor todavía, porque más rápido
se van a producir los cambios. Había
convicción, certeza, lo que llevaba
incluso a dar la vida por ello.
Muchísimo más se podría
decir, pero quiero señalar o subrayar
esto: el lugar de voluntad y de la política
como espacio de definición, y la política
sentida por todos como algo muy valioso y
que podía transformar la realidad.
Y los jóvenes diciendo: la política
esta para transformar la realidad, yo joven
que quiero ser protagonista del mundo, de
mi mundo y del mundo, quiero tomar decisiones
ahí. Por tanto, todo lo que significó,
en los años ‘60-’70, las
organizaciones juveniles en política.
Los jóvenes, en esa época, no
tenían padres en la política.
Tenían “abuelos”, en todo
caso: Mao y Perón. Pero si ustedes
van a ver quienes son los jefes, o que tipo
de política hay en esa época,
son todas organizaciones novedosas, constituidas
y dirigidas por jóvenes. Ejemplos los
que quieran: Praga, en el ’68; el mayo
del ’68 en París; la primavera
de Roma, en el ’69; las cosa que sucedían
en Okinahua, Japón; el Cordobazo, aquí.
Donde uno fuera, encontraba una renovación
muy fuerte de la política, también
de la cultura, donde los jóvenes participaban
muy activamente, bajo este concepto: cuantos
más, cuanto más hagamos, va
a ocurrir más prontamente el cambio
que todos decían que hacia falta.
Ese sentido de la política, como lugar
de transformación del mundo, se convierte,
cuando la economía pasa a subordinar
a la política, por todos los cambios
que les fui mencionando, en pura administración.
¿Cuál era el concepto de la
política en los años ‘90?
La administración, no el cambio, no
la transformación. ¿Qué
adjetivaciones la acompañaban? La administración
de lo dado, pero con eficacia y honestidad.
Entonces no prometer que vamos a cambiar demasiado
las cosas, porque no se pueden cambiar. Cosa
muy complicada, porque además eso significaba
naturalizar las relaciones sociales. Naturalizar:
pobres hubo y habrá siempre. Y además
es una naturalización que como tal
no es cierta, porque se trata de la sociedad,
de la cultura y de la política. Ahí
no hay naturaleza. Sin embargo, se planteaba
en términos de la naturalización
de lo dado. No podía transformarse,
no podían cambiarse esas relaciones
sociales. A lo mas seamos honestos y eficaces,
reforma del estado mediante y todas estas
cuestiones. Todos sabemos: ni siquiera cumplió
su promesa de honestidad y eficacia la política
de los ’90. Administró, hizo
una transformación de lo real, pero
en sentido negativo, para mi modo de ver.
Pero además, si bien su objetivo no
era cambiar la realidad, lo que sí
hizo fue administrar con mucha corrupción
y con muy baja eficacia. Ya sabemos que los
intereses de ciertos grupos que se llevaron
todo lo que se llevaron, más allá
de la crisis del 2001, más allá
y más acá.
En este contexto, la política pensada,
planteada, promovida como la administración
de lo dado no puede seducir a nadie. No puede
ser atractiva para nadie. Menos para jóvenes.
Entonces, cuando se pregunta acerca de la
participación de los jóvenes
en los ’90, sucede que la participación
cambia, y mucho. ¿Quienes quedan participando,
como jóvenes, en la política?
Fundamentalmente, aquellos jóvenes
que han tenido algún tipo de socialización
familiar vinculada a la política. Y
no me refiero a los portadores de apellidos,
que terminan siendo los jefecitos de agrupaciones,
sino que estoy pensando en pibes que laburan
muy bien dentro de estructuras partidaria,
en barrios de cualquier lugar, haciendo todo
lo que pueden hacer. ¿Cuál es
la convicción de estos chicos? Charlando
con ellos, uno lo que observaba es que tienen
una convicción muy fuerte, motivada,
en muchísimos casos, por algún
adulto que había participado y militado.
Ellos habían recibido algún
tipo de socialización en ese sentido,
de la utilidad de la política, más
allá de lo que representaba la política
concretamente durante los ’90. ¿Qué
hacen los jóvenes durante los ‘90?
Participan, pero no en la política
partidaria. Comienzan a participar cada vez
más en otros tipos de instancias y
ambientes. Porque, a todo lo que les mencioné,
lo de la economía subordinando a política
a, y la política pensada sólo
como la administración de las cosas
sin transformarse, a eso hay que agregarle
una lectura muy concreta de los años
de la democracia en donde la política
aparece, en relación a los jóvenes,
como un espacio de manipulación, espacio
de uso y abuso, espacio de servicio para tal
o cual dirigente, donde la política
aparece también con distintos índices
de corrupción. Y básicamente
con un uso de los jóvenes muy manipulatorio.
Entonces si uno suma una y otra cosa, no es
el espacio de la política partidaria
el que seduce a la participación. Excepto,
aquellos que visualizan la política
como espacio profesional, como espacio hasta
de militancia profesional si se quiere (son
profesionales de la política). Y, por
otra parte, aquellos que habían tenido
alguna socialización familiar que,
de alguna manera, compensaba lo que estaba
representando la política real durante
los mismos años ’90.
Durante los años ’90 los jóvenes
participan en otros lugares: donde la relación
sea cara a cara, concreta y próxima,
en donde haya una relación de eficacia
con el esfuerzo que uno hace, en donde se
vea el producto de aquello que uno hace, donde
no se busca un saldo organizativo (la construcción
del partido, por ejemplo). Se busca saldo
de resultados. Eso se vio mucho en los ’90,
tanto en cuestiones concreto-materiales, de
propuestas, de transformación socio-comunitarias,
como de gestión cultural. Pero también
se ve en acciones de denuncia, cuando estiman
que eso tiene algún grado de eficacia,
cuando es estéticamente necesario,
o cuando creen que no van a ser manipulados.
Por ejemplo el caso Bulacio, por ejemplo el
caso María Soledad Morales. Cuando
aparecían ese tipo de situaciones los
jóvenes salían masivamente a
las calles, a bancar ese y otros casos. Pero
esto no era conducido por ningún partido
político. Aunque participara gente
vinculada a la política. Es decir,
no es que los jóvenes se guardaban
y no querían saber nada, sino que los
lugares y las instancias de participación
comenzaban a ser otros, con otros tipos de
motivaciones. ¿Por qué? Por
lo que decía recién: lo que
prometía la política.
Otros modos de participar
Ahora en el 2004... quiere decir:
los ‘90 fueron hace catorce años.
Un joven que hoy tiene veinticuatro, en el
’90 tenia diez años. Un joven
que hoy tiene veinte, en el ’90 tenia
seis años. Para mí, los que
hoy son jóvenes, entre veinte y veinticuatro,
se socializaron durante los años ’90.
Su socialización política es
la de los años ’90 (esto para
mí es grave). Pero de todas maneras,
esto debe ponerse en tensión lo que
significa la socialización política
en una y otra época: la de los setentistas
y la de los años ’90, para poder
reflexionar y repensarla.
Por ejemplo, yo rescato muchisismo esta cuestión
del interés por lo concreto y por la
eficacia de las acciones. Me parece muy importante.
Ahora, eso hay que tensionarlo en relación
a cómo se logran esas eficacias de
las acciones. Yo creo que después del
2001, aparece alguna forma de repolitización
incipiente, de practicas, de participación,
que no son de las practica de partido. ¿Qué
quiero decir con Incipiente repolitización?
Que comienza a haber en muchos grupos de jóvenes,
que yo veo que hacen muchas cosas, pregunta
por el sentido de lo que hacen. La pregunta
por cómo esto se enlaza con otras cosas.
Lo que no significa que terminan diciendo,
hay que construir un partido político
o hay que subirse a uno. No se trata de ese
estadio. Yo, lo que advierto, es que en los
años ’90 esta pregunta estaba
muy graduada o no aparecía. Hoy yo
veo muchos jóvenes que participan en
muchisismo proyectos socioculturales, una
pregunta acerca del sentido. Esto es lo que
yo llamo un indicio de repolitización,
en el sentido más puro y positivo del
término.
Quiero decir un par de cosas más que
me parece que también marcan la diferencia:
es el tema de las generaciones y las sensibilidades
generacionales. No es ni mejor ni peor haber
nacido en los ’70 o en los ’90.
Es absolutamente diferente en todo caso. Ahora
si uno tiene claro que muy es diferente, tiene
que hacer un esfuerzo de comprensión
de lo distinto. Si alguien en los ’70
imaginaba a la política como un joven
socializado en los ’90, era considerado
como un bicho raro, era descalificado. Si
alguien hoy intenta militar como en los ’70,
de hecho hay, es visto por los demás
como un bicho raro. Como alguien desubicado,
salido de contexto, o que no se entiende su
practica o su discurso.
En términos generacionales, quienes
militaron en los ‘60-’70, tenían
un mandato moral muy fuerte. Y digo esto en
un sentido positivo y negativo al mismo tiempo.
Un mandato de disciplina, un mandato de moral,
un mandato de deber, había que hacerlo.
Y el concepto de militar vinculado a esta
cosa de los militares: Saludo uno, saludo
dos, jerarquía, disciplina, verticalidad,
además de los términos en que
se plantean los antagonismos, había
que formar hordas, esa cosa cerrada. En aquel
tiempo era muy fuerte era esta lógica
de tremendo antagonismo, producto de toda
aquella radicalización. Cuestiones
de seguridad, cuestiones culturales, morales
por supuesto, y que generaron un militante
sufrido.
Lo que me parece que se produce a partir de
los ’90 es que se puede participar -
no sé si llamarlo militancia, porque
no me gusta como “militar”, no
quiero ser un militar – y además
me divierto. O sea, en lugar de participar
desde un orden moral y un deber ser, la participación
parece que es más desde un lugar de
la ética y estética, en los
años ’90 y después. Esto
me resulta muy interesante. Uno ve las formas
como se hacen las cosas y aquello que es el
producto: Hay algo así como una ética
de la ética, una ética de la
estética, y una estética de
la ética. Es muy fuerte como participan
los jóvenes hoy, y hubiera sido absolutamente
impugnado y vetado en aquellos tiempos. Hay
una película italiana que habla de
la militancia política, Ahora o nunca
creo que se llama, en los ’70 un padre
y en los ’90 un hijo, en Roma. Yo se
la se recomiendo esa película porque
es maravillosa para verla y para discutirla.
¿Cuál es la pregunta inicial?
Una síntesis de pregunta: ¿Qué
es más importante? Asistir a una asamblea
universitaria donde se va a discutir la autonomía
o el presupuesto de no sé qué
cosa, o asistir a la primera relación
sexual. En los ’70 no había discusión
posible, no había registro de duda.
Había que ir a la asamblea y, en todo
caso, pedir permiso para tener cierta relación
sexual. No les tengo que decir lo que responderían
ustedes. Esto me parece muy fuerte en términos
de sensibilidades. Lo que no quiere decir
que el tipo de participación de hoy
me parezca una fiesta, ni una verdad consagrada,
ni crea que no requiera ser puesta en tensión.
Pero de todas maneras creo tiene muchas cosas
que son, por un lado, son propias de época
y también muchas que son muy sanas.
Un par de frases más:
Es tan importante lo que se hace como el proceso
a través del cual se hace. Esto me
parece que es parte de la ética y la
estética de la participación,
pero que sin embargo requiere reflexión.
Lo otro es: es tan importante participar en
cuestiones socio-culturales, socio-comunitarias,
como en política, también, de
partido. Porque, finalmente, la conducción
de los países tiene que ver con votar,
elecciones y todo ese tipo de cosas. Me parece
que construir una buena sociedad civil, democrática,
con mucha participación, tensiona a
los partidos en cuanto a que tiene que mejorar.
Es una tensión hacia el tipo de practica
política de los partidos.
La otra cuestión que me planteo es
cómo vincular este tema del presente
perpetuo, que es parte de la lógica
de los ’90, posmoderna, y muchas de
las cosas que vivimos hoy, en donde yo valoro
mucho el tema de lo concreto, pero además
me parece la reflexión sobre cómo
se enlaza esto con los medianos plazos, y
con estrategias, también es algo que
valdría la pena, seguramente sucederá
en estos procesos de repolitización
según creo yo, de ir pensándose.
Lo cual no quiere decir que hay que militar
a los partidos, ni mucho menos. Habrá
quienes militen en los partidos, quienes hagan
acciones socio-comunitarias, quienes estén
participando en proyectos socio-culturales.
Tal vez lo beneficioso de esto sea que todo
eso es necesario, todo eso debe convivir,
todo eso debe colaborar. Ninguno de estos
ámbitos debe pretender que subsume
y resuelve al otro.«
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